Actitud de emprendedor

“No busques trabajo, invéntatela”. “Crea tu marca personal”. “El éxito es cuestión de actitud”. Estamos acostumbrados a encontrar mensajes como estos por todas partes: libros, artículos, programas de radio y televisión, incluso en el porno español… Todos ellos defienden las ventajas del espíritu emprendedor y del pensamiento positivo, animándonos a mirar la vida con optimismo. Y a pesar de que encontramos referidos a ámbitos como el de las relaciones personales o el bienestar psicológico, la mayoría van enfocados hacia uno de concreto: el mundo laboral.

En este campo, en que el elevado nivel de paro convierte el trabajo en una de las principales preocupaciones de la opinión pública, ya hace años que ha aparecido un concepto que se ha convertido en una palabra habitual en boca de políticos y medios de comunicación: la emprendeduría. Los emprendedores han sido presentados como ‘generadores de puestos de trabajo’ o la ‘solución definitiva’ en tiempo en que falta trabajo, hasta formar parte de los perfiles de éxito en el imaginario colectivo. Pero más allá de estos mensajes, que significa el propio concepto de emprendeduría? De donde viene? Qué consecuencias y límites puede tener?
Qué significa el concepto de emprendeduría?
Para Josep Maria Blanch, catedrático de Psicología Social Aplicada a la Universidad Autónoma, hay que distinguir entre la emprendeduría “como actitud ante la vida y como ideología”. Según él la emprendeduría como actitud vital consistiría al “tener iniciativa, creatividad y enfrentamiento activo ante las cosas” y en este sentido sería “algo sano, deseable”. En cambio, entente como ideología utilizaría este discurso para “responsabilizar el individuo de unas circunstancias laborales de las cuales es una víctima pero no el culpable” y se enmarcaría en el “contexto de la hegemonía del neoliberalismo”.

El emprendedor y creador de la empresa informática ‘eyeOS’, Pau Garcia-Milà, propone una dicotomía parecida. “A mí me gusta distinguir entre el concepto teórico y la realidad” afirma. “En el campo teórico creo que está sobreutilitzat y esto me preocupa: se ha vendido como una salida a la crisis. Pero por mí ser emprendedor es una profesión como cualquier otra”. Garcia-Milà también pone énfasis en que la emprendeduría tiene que ser básicamente consecuencia de una cierta actividad: “Hay gente que no tiene ninguna empresa y dice que es emprendedora. Esto no tiene sentido”, sentencia.
De donde sale la emprendeduría y por qué se habla tanto?
Por otro lado, uno de los aspectos interesantes a analizar son las circunstancias en que surge el concepto y toma la relevancia que tiene hoy. El filósofo Santiago López-Pequeño enmarca el uso mediático de la emprendeduría “en varias transformaciones històrico-sociales: la crisis del movimiento obrero y su desarticulación política, las nuevas formas de capitalismo y un pensamiento liberal-conservador por el cual mercado y vida son el mismo”.

En esta misma línea Blanch señala la caída del Muro de Berlin como punto de inflexión de “la transición entre keynesianisme y neoliberalismo”, ejemplificada en la perspectiva de los dos informes globales del Banco Mundial sobre la pobreza, “uno de los 90 (‘Poverty’) y el otro de los 2000 (‘Attacking Poverty’)”.

Pero al margen de estas, encontramos otras explicaciones del discurso emprendedor. Garcia-Milà ve claro que detrás de su ascenso hay la voluntad de cambiar la imagen del empresario: “Vivimos en un país en que suele ser el malo, alguien que quiere despedir a gente para hacerse rico. Ahora se ha hecho tanta presión que ha pasado a convertirse en la salvación, a pesar de que cuando se crea una empresa el encomendero es que fracase y el extraordinario que salga adelante”.
Qué consecuencias puede tener el discurso emprendedor?
En un nivel más práctico, Blanch advierte de las consecuencias de este discurso sobre la población: “En un país con dos millones de parados, una persona sin trabajo se tiene que levantar y decir ‘soy un empresario de mí mismo, «Yo S.A.», y me tengo que vender como profesional’. Al atardecer hace balance, y si no ha encontrado trabajo es culpa suya! Esto podría tener una cierta lógica en un contexto con oportunidades estructurales por todo el mundo, pero cuando no hay…”.

López-Pequeño resalta a la vez  las repercusiones que pueda tener el ‘yo marca’ cuando dice que “es casi una figura patética: se cree amo de su vida y realmente la pierde porque continuamente se tiene que estar movilizando. Tiene el currículum enganchado al culo! En el fondo es un poco un ‘tú sale solo del agujero’ que ya nadie te ayudará”.

Pero los riesgos que comporta el discurso emprendedor no se encuentran sólo en el bienestar mental de la gente, sino también en el material. Garcia-Milà alerta del peligro que supone por ejemplo recomendar la emprendeduría a alguien que no tiene trabajo: “Si a esta persona le depende la hipoteca o la familia, se está olvidando que en los inicios de una empresa, siempre tendrá pérdidas. Cuando no se puede asumir esto se tiene que vender algo que no se ha creado, y esto es vender kleenex en un semáforo”.

Esta responsabilització para encontrar trabajo se ha traspasado a la vez en las mismas prácticas laborales: “El ritmo de trabajo se ha multiplicado y todos pensamos que es natural. Si acabas quemado, ‘burned out’, es que no gestionas bien tu tiempo” plantea Blanch. Hay que tener en cuenta que “en países orientales ya se ha legislado y reconocido el ‘Karōshi’ o muerto por exceso de trabajo”.
Cuáles son los límites de la emprendeduría?
Más allá de su presencia mediática, en los últimos años ha habido esfuerzos institucionales para fomentar la práctica emprendedora, como por ejemplo la ‘Ley de Apoyo a los Emprendedores’, de septiembre del 2013. Esta regulación define como una de las causas principales de la falta de oportunidades laborales “la ausencia de una mayor iniciativa emprendedora entre los más jóvenes”, y recomienda como solución “un cambio de mentalidad en que la sociedad valore más la actividad emprendedora y la presa de riesgos”. Pero a pesar de que el diagnóstico gubernamental apunte hacia una solución única, la práctica ilustra sus limitaciones.

Roger R. probó en 2012 de abrir una empresa de informática, dedicada a crear aplicaciones web y para dispositivos móviles. Todo y sus esfuerzos y que la aplicación era completamente operativa se vio obligado a cerrar a la empresa a la cabeza de unos meses puesto que no consiguió que fuera rentable: “Hicimos proyectos para terceros para ir alimentándola pero finalmente decidimos plegar antes de que fuera a peor”.

En Roger destaca que el principal impedimento con que se encontró fue a la hora de darse a conocer y poder recaudar financiación. “Te encuentras con una especie de barrera. Una pequeña empresa no té la herencia de conocimiento suficiente cómo porque se apueste por ella. Por más atractiva que sea la idea cuesta mucho generar suficiente confianza como porque un inversor ponga dinero”.

Garcia-Milà coincide con en Roger a la hora de denunciar los problemas con que cualquier persona se encuentra a la hora de crear una empresa y añade los que tienen que ver con los trámites. “Han pasado nuevo años desde que me dedico a trabajar para crear empresas en internet y a la hora de la verdad los problemas siguen siendo los mismos, a pesar de que en este periodo haya habido una nueva ley de emprendeduría”.

Para ilustrar las trabas burocráticas para crear una empresa en el Estado español, explica a guisa de anécdota que cuando creó su última empresa el 2014, lo hizo a la vez aquí y en el Reino Unido: “Allá en 48 horas ya tenía el NIF con el que podía operar en el mismo momento. En cambio aquí a la cabeza de dos semanas todavía no lo tenía”.

Todo y los matices que puedan tener conceptos como la actitud emprendedora o la innovación, el que está claro es que “no todo el mundo está igualmente equipado para hacer frente al mercado de trabajo, del mismo modo que no todo el mundo puede correr un maratón”. En este sentido Blanch defiende que “hay que combinar el discurso emprendedor con las variables estructurales que permitan que la gente encuentre trabajo. De este modo, si se analiza nuestro momento actual, la emprendeduría tendría que quedar en segundo término”.

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