Llegan vinos catalanes a America

Esta semana se ha producido el primero gran desembarco colectivo del vino catalán en Nueva York. 31 bodegas pertenecientes a la Asociación Vinícola de Cataluña ( agrupa más de 200, de los 600 que hay a todo el país), han dar a probar sus productos a sommeliers de reputados restaurantes de Nueva York y a críticos de la prensa especializada, incluso ya empieza a aparecer algún curso de cata de vinos.

Y la buena noticia es que nuestros vinos gustan, y todavía gusta más la relación calidad-precio. Cómo me decía Andrew Bello, presidente de la Asociación Nacional Americana de Sommeliers, “si los vinos catalanes vinieran por otro lado quizás valdrían tres veces más. Son fabulosos”.

Desde la crisis del 2008, el norteamericano que iba a un restaurante y se gastaba 100 dólares en una botella ahora se gasta 50, y así sucesivamente. Es en esta situación de contención del gasto que sommeliers, tiendas de vinos y grandes superficies están buscando productos que satisfagan el gusto y el bolsillo del cliente todo a la hora, y los vinos catalanes cumplen los dos requisitos.

No son los únicos, está claro. La competencia es dura, empezando por vinos españoles de llamada sólida como por ejemplo Rioja y Ribera del Duero, pero es que, además, a los supermercados norteamericanos es relativamente frecuente tropezar con vinos valencianos, manchegos o murcianos, que gracias en parte a las ayudas europeas han hecho con un cierto éxito el camino de la exportación. Para no hablar de Chile y Argentina, pero también de Australia y Nueva Zelanda, que están llenando las cestas de la compra de muchos consumidores de los Estados Unidos.

Cuáles son las fortalezas de Cataluña en esta competencia? La calidad y el precio, sí, pero también las raíces mediterráneas (esto aquí vende mucho), y el prestigio que se asocia a la cocina catalana, de la mi de Adrià, Roca, Ruscalleda, Puigdevall, Santamaria, etc. Si nuestro vino va de su mano, entrará más fácilmente. Justamente por eso, y con buen ojo, la Asociación Vinícola Catalana trajo Josep Roca, el sommelier de la Bodega de Can Roca, a presentar nuestros vinos a sus colegas de Nueva York. había expectación para verlo en acción. No todos los días puedes escuchar presencialmente el encargado de los vinos de uno de los mejores restaurantes del mundo.

La exportación también depende de encontrar un distribuidor activo, y de las ganas de explicarse correctamente a los nuevos mercados. Al encuentro recogí que el sector es consciente que sea por autocomplacencia o carencia de necesidad (hasta ahora), hemos dejado que nuestros vinos hablaran por sí sólo, sin darlos el empujón necesario al escenario internacional, y habría que corregir esta tendencia, teniendo en cuenta que desde hace un par de generaciones, las inversiones en la mejora de la calidad y la explosión de la enología han permitido la producción de un producto perfectamente competitivo.

Y uno de los críticos, Anthony Giglio, de “Food&Wine”, me decía que las etiquetas artísticas de las botellas están muy bien, pero que la etiqueta del detrás tendría que contener una explicación tan sencilla como esta: “si te gusta el Merlot, te gustará este”. Menos mapas microscópicos (perfiles costeros que no dicen nada al bebedor transatlántico) y más asociar la botella a a la variedad de uva y sus gustos, que probablemente el consumidor sí que conoce,y hacer una nota de cata más directa y menos metafórica.

Tenemos producto y las cifras de exportación pueden subir mucho, por qué apenas acabamos de empezar. Cataluña exporta vinos en los Estados Unidos por valor de 36 millones y medio de euros el año. El cava puede aumentar todavía mucho más su posición ante el Prosseco italiano (aunque hay que entender que la comida italiana tiene en los Estados Unidos una implantación histórica y una red de distribución difícilmente batible).

No hay más futuro que una decidida política exportadora, sobre todo con la crisis, pero también sin ella, y quizás así el sector podría resolver un problema que se arrastra de hace tiempo: que el labrador también se gane bien la vida.

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